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viernes, 26 de noviembre de 2010

PLAN CASTRO


REGIONAL Y SINCRONIZADO

Escrito por Elizabeth Burgos el Nov 26th, 2010

Elizabeth Burgos
eburgos@orange.fr

Concordancias de tiempo se observan en las declaraciones y acciones militares de Venezuela, Bolivia y Nicaragua.  Hay un solo cerebro para todo: Fidel Castro.
Mientras en Venezuela las declaraciones del general Henry Rangel Silva, jefe del comando estratégico Operacional (CEO) de la Fuerza Armada Nacional (FAN) bolivariana, advertía a los opositores venezolanos que en caso de derrota electoral del oficialismo en 2012, los militares reaccionarían porque el ejército venezolano “no tiene lealtades a medias sino completas hacia un pueblo, un proyecto de vida y un Comandante en Jefe.  Nos casamos con este proyecto de país”.  En Bolivia, el comandante nacional del Ejército general Antonio Cueto, afirmaba que la Constitución promulgada en 2009 <<da lugar a que el Ejército surja como una institución socialista, comunitaria. (. . .)También nos declaramos anticapitalistas porque este sistema está destruyendo a la madre tierra>>, dicho durante un acto de celebración de su fundación en el colegio Militar de Ejército de La Paz, en presencia del jefe de Estado, Evo Morales.  Simultáneamente, Daniel Ortega en Nicaragua, provocaba una crisis de tipo francamente belicista contra Costa Rica, so pretexto de reivindicaciones territoriales.  Gestos que se inscriben en la tónica del castrismo, de mantener un estado de crisis permanente que es su manera de imponerse y de mantener la opinión pública en ascuas.  El telón de fondo, es por supuesto el caso Makled, que pasa así a un segundo plano.
Fuera de su instrumentalización mediática, a la vez de la búsqueda de suscitar temor en las respectivas opiniones públicas, no deja de ser alarmante la voluntad de esos gobiernos de ir copando los espacios de lo político por una presencia masiva de lo militar.  El aspecto militar del llamado bolivarianismo, ya no es una conjetura sino el factor principal del proyecto geopolítico regional, instrumentalización desde La Habana por Fidel Castro, y puesto en práctica desde Venezuela que actúa como centro, proveedora de las finanzas y facilitadora de la distribución de insumos de gran rentabilidad.  El papel que hoy ocupa Venezuela como centro del proyecto geoestratégico militar regional, fue el que trató La Habana que ocupara Chile durante el gobierno de Salvador Allende.  Hecho que se estaba haciendo realidad, pero que no culminó debido a la intervención de las Fuerzas Armadas chilenas que optaron por el golpe de Estado para detener el proceso de instauración del castrismo en el país y en la zona.
Los bonos de lealtad
En el caso chileno en particular, en el deseo de derrocar a Salvador Allende, coincidieron, por razones diversas, tanto Fidel Castro como Richard Nixon, según lo afirma Joaquín Villalobos, uno de los más importantes jefes militares del movimiento guerrillero salvadoreño, hoy franco opositor de la línea castrista, experto en asuntos estratégicos y de conflictos militares.  Según Villalobos, el hecho que Fidel Castro no pudo desviar el proceso chileno y convertirlo en un foco de irradiación continental de la revolución, y que además demostrara la posibilidad de un proyecto socialista surgido del sufragio universal que negaba de hecho el dogma de la lucha armada, era simplemente insoportable para el cubano, por lo que de  hecho, tanto Nixon como Castro, coincidieron en la necesidad del derrocamiento del Allende.
Fidel Castro es un hombre que asimila las lecciones de la historia.  El revés chileno lo llevó a conjeturar, que era necesario crear otro ejército que venciera al chileno.  De allí que los opositores cubanos que se refugiaron en Cuba tras el golpe de Pinochet fueron entrenados y llegaron a formar parte, con grado de oficiales, en las FAR.  También aprendió la lección de la imposibilidad de que se realizara tamaña temeridad por lo que se percató, que en lugar de luchar contra los ejércitos institucionalizados -(presupuesto en el que se apoyaba la doctrina del Che Guevara, pero ya muerto Guevara, tenía vía libre para aplicar su legendario pragmatismo) – lo que se imponía era seducirlos y atraerlos utilizando lo medios necesarios. Es así cómo en la “larga marcha del castrismo”, hoy son los ejércitos regulares el nervio de su proyecto continental.
En honor a la fidelidad histórica, cabe señalar, que ya en la Sierra Maestra, Castro empleó el sobornó hacia los oficiales del Ejército regular, lo que le dio excelentes resultados: lo demuestra la facilidad y la rapidez con la que se amparó del poder.  El Che Guevara comulgaba menos con esos métodos; el prefería fusilar.
Que el ejército boliviano hoy se promulgue socialista, antiimperialista y anticapitalista, es una decisión que responde a la lógica de una lección aprendida tras los numerosos fracasos de Castro en América Latina.  No hay que olvidar que el Ejército boliviano, la única guerra que ha ganado es la guerra contra la guerrilla del Che Guevara.  No deja de ser paradójico, que un Ejército que ha perdido gran parte de su territorio debido a derrotas militares, la única victoria en su haber no pueda ya reivindicarla y hoy acate las órdenes de Cuba.  Parece que la proclamación del comandante boliviano, general Antonio Cueto, de convertir al ejército en “socialista, antiimperialista y anticapitalista” intervino tras la entrega a la cúpula militar de un “bono de lealtad”.
Una paradoja más entre las tantas que integran la historia del continente.

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